30 de septiembre de 2008

Kimi ai shitteru, L

Sé que dije que muchas veces había perdido la sonrisa por culpa del amor y que había tenido más desangaños que momentos buenos...

Yo era de las que pensaban que el amor es una pérdida de tiempo y un gasto de dinero (aniversarios, navidades, cumpleaños, San Valentín...) ha llegado el momento en que debo retractarme de mis palabras y de mis creencias respecto a este tema.

Pese a estar enamorada(si, lo admito, estoy enamorada hasta las trancas) no se me han fundido las neuronas (es cierto que me paso el día pensando en otras cosas y no en lo que debería pensar, pero aún así me funcionan).

Los días se me hacen interminables...cuento cada minuto que falta para que llegue el viernes y poder pasar unas horas con mi...se me hace raro incluso pensarlo y escribirlo, cuanto más decirlo en alto...mi novio (suena bien, ¿eh?)

Es cierto eso que dicen que el amor te sume en un estado de ensimismamiento tal que no te enteras casi de nada y parece que todo se confabula para que el tema a tratar siempre sea el amor, lo que contribuye a que tú te pierdas más de los asuntos que se están tratando verdaderamente y te pongas a divagar sobre lo mucho que quieres a la otra persona o lo bien que saben sus besos...(ya estoy divagando otra vez)

Verdaderamente esta entrada en el blog no es para otra cosa que para poder decir cómo me siento, porque nunca me había sentido así, nunca había sido tan intenso...nunca me había dado tanto miedo contemplar siquiera la posibilidad de perderle en un futuro (que ojalá no pase nunca), me aterra no ser lo suficientemente buena, no estar a la altura de las circunstancias... pero realmente ahora no es momento de preocuparme por eso...ahora lo importante es disfrutar cada momento, cada segundo que pase con él...beberme sus palabras y mantenerme a flote toda la semana con sus sms...con esos te quiero que inundan toda mi agenda del instituto...

No han pasado ni tres meses desde la inauguración de este blog, donde comencé despotricando contra el amor y aqui estoy, haciendo público mi estado de adolescente enamorada, con maripositas en el estómago.

Te quiero L, mas de lo que he querido nunca a nadie...quiero estar siempre contigo.

17 de septiembre de 2008

Se acabó vivir entre algodón de azúcar.

He tenido el blog taaaaan abandonado este verano, pero entendedme, se está tan agusto tumbada en el sofá sin hacer nada...pero todo eso se acabó, porque para cualquier ser humano de mi edad acaba de empezar (o está a punto de hacerlo) una condena de nueve meses en un lugar parecido al purgatorio. El instituto.

Ya sé que cuando llegas a bachillerato tú eliges si seguir estudiando o no, y yo he decidido hacerlo porque me gusta y ademas voy a hacer lo que más me llena en esta vida, pintar. Pero como me gusta quejarme y los comienzos siempre son duros...

Ahora que ya son mediados de septiembre nos vemos abligados a hacer cosas que no son plato de gusto para nadie. Empiezan los madrugones, las carreras en educación física (que para más inri siempre tiene la mala costumbre de tocar a primera hora, cosa que en verano viene genial porque hace fresquito, pero que en invierno te congelas), el dolor en las manos de tanto coger apuntes, los deberes, hincar los codos hasta que te duelen... pero lo peor es el camino al insti...
Qué suerte tenía de vivir al lado del insti... en cinco minutitos me plantaba allí, ahora estoy más muerta que viva con tanto viajecito en el tren... además de las escaleras en la estación, una clase en un horroroso tercer piso, la vuelta a casa con la inmensa mochila, el hambre a las tres de la tarde hasta que llegas a tu casa, comer corriendo por culpa de las actividades extraescolares... hasta que coges el ritmo suelen dolerte huesos que no sabías ni que existían.
Yo no sé los demás, pero aún no tenía ganas de salir del país del algodón de azucar en el que vivo en verano. Ese derecho a estar en la cama hasta que te canses, esa tranquilidad de no tener responsabilidades (o casi ninguna), poderte tirarte un día entero en pijama, vivir un fin de semana de tres meses...
Pero luego llega ese condenado mes de septiembre y se come nuestro algodón de azúcar, dejandonos abandonados, con una mano detrás y otra delante, en un instituto que siempre parece empezar demasiado pronto.
¡Bah! Ya me acostumbraré, y antes de darme cuenta estaré enterrada entre una montaña de gominolas el verano que viene.